miércoles, 30 de marzo de 2011

EL NIEMEYER COMUNISTA Y SU ARQUITECTURA

          Años antes de recibir premios con nombre de Príncipe, Niemeyer fue militante del Partido Comunista de Brasil y exiliado político. El golpe militar de 1964 lo llevó a París y allí diseño la sede del PCF y la de su periódico, L’Humanité.

            El primero de los dos edificios, situado en el distrito XIX (barrio bastión del movimiento obrero antaño y desfavorecido siempre) es monumento histórico y como tal puede visitarse durante las Jornadas Europeas del Patrimonio que se celebran todos los años durante el tercer fin de semana de septiembre. Los primeros bocetos del edificio los trazó Niemeyer en 1965 y para su completa finalización, en 1980, la época en la que el Partido Comunista Francés necesitaba un cuartel general de tal dimensión y podía costear su mantenimiento llegaría pronto a su fin. Visto con cuarenta años de perspectiva, el edificio tiene mucho de la majestuosidad opresiva del hormigón en el interior y de lo anodino de la sede de una empresa informática en el exterior. En cualquier caso, la cúpula semienterrada en la que se celebran las reuniones del Comité Central del partido es ciertamente evocadora. Lo es al visitarla desde dentro y lo es al verla desde arriba, en la terraza del edificio, desde donde se puede apreciar claramente que dibuja la forma de la hoz y el martillo.

                 La visita a la sede del PCF es un viaje hacia el pasado en un edificio planteado como futurista. Una sensación inquietantemente paradójica. El hecho de que sea monumento histórico refuerza la paradoja y muy probablemente incomoda inconfesablemente a los dirigentes del partido. Hay que saber que un monumento histórico no puede venderse o cederse sin informar previamente al Ministerio francés de Cultura y que, además, no puede modificarse su estructura de ninguna forma. No resultaría fácil encontrar la empresa que quisiera celebrar sus reuniones de delegados de ventas bajo una cúpula en forma de símbolo comunista. Aunque quizás sería lo adecuado para la filial de una multinacional china. Para romper el tabú y hacer algo de caja, dos plantas de las seis con las que cuenta el edificio se alquilan ya desde hace algo más de un año. Una de ellas a una empresa dedicada a producir cómics y películas de animación
          
          Tuvieron más suerte los encargados de dirigir L’Humanité, puesto que el edificio que ocupa el periódico desde 1989 (subrayemos la fecha), ubicado en el suburbio obrero de Saint-Denis y que fue también diseñado por Niemeyer, es menos inequívocamente comunista. Aprovechando esta feliz circunstancia, recientemente intentaron venderlo al mejor postor para saldar su muy cuantiosa deuda. Finalmente no se consiguió y tuvo que recurrirse a la tradicional técnica de la suscripción popular. Se recaudaron más de dos millones de Euros aportados por lectores, militantes y simpatizantes. No me consta si uno de los accionistas del periódico desde 2001, el grupo Lagardère, estaba entre los generosos, y desinteresados donantes

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